El apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios nos da a
conocer claramente las claves para permanecer firmes en medio de las batallas
espirituales, porque aunque vivimos en esta sociedad no debemos movernos como
ellos lo hacen. Entonces nos dice: “Las armas con las que luchamos no son del
mundo, sino que tienen poder divino para derribar fortalezas. Destruimos
argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y
llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.” (vs. 4 y 5) Qué
es una fortaleza? Argumentos que se
oponen a la verdad, con mucha dureza y firmeza.
Tienes alguna que derribar? Seguramente en la batalla de tu mente tienes
todavía algo que no te permite creer o soltarte plenamente en las manos de tu
Señor.
Tus estrategias para alcanzar la victoria deben ser diferentes, no
puedes actuar como la hacías antes, ahora tus armas son “espirituales”,
“invisibles”, “no tradicionales”, perdiendo para ganar, humillándote para ser
exaltado, teniendo misericordia cuando no debería, soltando en vez de tirar,
tus armas parecen indefensas a simple vista, pero son tan poderosas que el
diablo no puede resistirlas.
Estas
equipado para enfrentarte con toda astucia plausible de sabiduría y suficiencia
humanos, tu absoluta sencillez y sinceridad en humildad son las armas más
efectivas. Dios se ha propuesto trabajar contigo a través de esto y con otros a
través de ti, no te quitará tus cualidades y habilidades sino que las
transformará para usarlas en su Reino. La acción del Espíritu Santo es el poder
para echar abajo los torreones que se levantan altivos y “sujetar todo
pensamiento al conocimiento de Cristo”.
No te distraigas, tu enemigo no es la
gente, son fortalezas espirituales, la oración de autoridad orientada en el
amor y la restauración hará que el Dios soberano actúe a tu favor, no temas, sigue
adelante con tu vista puesta en el galardón. Recuerda: La iglesia es la
compañía de los pecadores perdonados, el problema de algunos cristianos es que
creen que Cristo les pertenece, y no que ellos pertenecen a Él.
Entonces no
olvidemos que somos como “tizones arrebatados del incendio” que por pura gracia
divina andamos, nuestra victoria está en
la medida de rendición y obediencia, no son tus fuerzas sino las de Dios en ti.
El nos invita cada día a ofrecerle lo que somos, nos capacita para hacer mejor
uso de nosotros mismos y de todo lo que pone a nuestro alrededor, siendo como
esas marionetas manejadas por sus manos, no tendremos porqué defendernos ya que
la batalla no será nuestra sino de aquel que te llamó.
Descansa, Dios tiene el
control (si es que se lo diste).
Bendiciones, Pastora Silvia.
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