El Devocional "Tiempo con Dios es Vida Vida" con estudio bíblico semanal...
Devocionales para la meditación personal y diaria en la palabra de Dios, con estudio Bíblico semanal para poder realizar en Grupos (de crecimiento, células, barcas, espigas, de oración)
¿Por qué TcD es Vida Vida?
Aun cuando usted puede meditar a su modo, con su Biblia, TcD es Vida Viva es una herramienta que lo ayuda a tener constancia, explorando sistemáticamente toda la Biblia. El TcD es Vida Viva en forma continua y perseverante lo ayudará a tener disciplina, logrando establecer el hábito de conectarse con Dios diariamente.
Un equipo de escritores excepcionales a nivel internacional se esfuerza en hacer el contenido y llevar la Palabra de Dios a cada creyente alrededor del mundo. Esperamos que usted disfrute y se maraville de su TcD es Vida Viva, y pueda compartirlo con otros. Oramos para que su vida cambie cada día. También deseamos que TcD es Vida Viva le sirva de refugio, lo anime, desafíe e inspire en su diario caminar con Dios.
¿Por qué hacer TcDVV?
Mucha gente, que hace TcD es Vida Viva, comparte con nosotros acerca del crecimiento espiritual obtenido al conectarse con el Señor diariamente.
Nos reportan que tan sólo tomando unos minutos diarios centrados completamente en Dios, es suficiente para ser llenos de paz, gozo y paciencia. Cuando usted desea conocer a alguien, es necesario que invierta tiempo en saber más de esa persona. Lo mismo sucede con el Señor, si usted desea tener intimidad con Dios, debe invertir tiempo con Él. El TcD es Vida Viva es una herramienta ideal, práctica y metódica, que lo ayudará a tener ese tiempo de intimidad.
Distibución en Argentina
Contactanos y solicita la edición del Devocional Tiempo Con Dios es Vida Viva de cada mes en Argentina, los cuales tienen un costo muy accesible, (más gastos de envío).-
Oficina Ministerio Tiempo con Dios Argentina
Director Nacional Pastor Walter Serantes
Tel. 0348-4457887 / 0348-4470053
tiempocondiosargentina@gmail.com
www.tiempoderenuevo.com
Chilavert 130 - Benavidez - Pdo. de Tigre
Prov. de Buenos Aires - Argentina
Irse de la Iglesia o alejarse de Dios? - Pr Walter Serantes
Hola, Dios te bendiga en este día. Es mi deseo que la bondad de Dios se muestre
respondiendo a cada una de las peticiones que has presentado, y que aun te
sorprenda.
Un fin de semana una familia se me acercó
y me habló declarándome su intención retirarse de la casa de Dios, me extraño
ya que la misma se encuentra muy comprometida y a la vez me alarmó como para
pensar en ello; de hecho les dije que era una locura irse. Por otro lado, en la
mañana del día lunes, una joven de la
iglesia me compartía que un muchacho que estuvo muy comprometido, no estaba
haciendo las cosas bien y ya no congregaba de igual manera. Esto me llevó a charlarlo con un amigo, ya
que es triste ver a aquellos que lentamente se separan de la casa de Dios,
personas que hemos amado por su cercanía y que hoy en algunos casos ya no se
encuentran a nuestro lado.
Sinceramente se transformó en una alarma de
Dios dentro de mí que me llevó a escribirte de ello.
Primero es importante ver porque debemos
permanecer en la casa de Dios, ya que esta es la causa por la que no debemos
irnos, y en segundo lugar la causa por la cual nos vamos.
Veamos la primera:
1 No conviene irse porque está relacionado con la SALVACIÓN , ya que en la
constancia de nuestra fe activa se muestra lo que creemos. Hebreos 10.25.
2 También porque nos edifica, nos forma (aunque en ocasiones duela).
Allí es donde crecemos como en el colegio, con maestros y compañeros, donde en
algunos casos no son los mejores (y aun como ejemplos), pero sabemos que nos
hace bien estar allí, ya que en ese lugar aprendemos y avanzamos hasta una
medida que nos conviene. Efesios 2.21.
3 Porque la comunión nos bendice, nos hace bien; hay gran cantidad de
hermanos que nos aman, oran por nosotros, y esto hace que la mano de Dios nos
llene de una manera inexplicable (salmo 133).
4 Y por último, por ahora, porque es una siembra para nuestro futuro;
a ninguna persona le gusta la inversión, todos queremos cosechar, pero si no se
siembra no habrá cosecha, y para ello es necesario estar trabajando y
permaneciendo hasta que veamos resultados más deseados. No olvide que lo que
cosechamos lejos del Señor fueron la causa de malas siembras que tuvimos, y que
ahora estamos sembrando bien; esto lo aprendemos en la casa de Dios, y
nosotros, nuestros hijos, nietos y mas seguirán recibiendo frutos de la fe
invertida en este tiempo. Gálatas 6.7.
Por ello no ceda en su andar; Dios ve su constancia con ganas o sin ella, y de seguro como en cualquier trabajo recibirá su recompensa. Hebreos 11.6.
Ahora para cerrar veamos dos causas que nos
llevan a irnos
La primera.
- Los pecados escondidos. Estos
son como el tesoro robado que Acán escondió debajo de la alfombra de su casa
(Josué 7). A pesar de que ningún ajeno lo vio, sino solo su cómplice familia,
Dios si había visto toda la escena y además su corazón. Todo estaba bien ante
su líder y sus compañeros de batalla, pero no ante Dios; a tal punto que esto
trajo fracaso en el pueblo de Dios y posteriormente dolor y muerte tanto para
él, como para toda su familia.
Los pecados no confesados
hacen que la presencia de Dios se aleje, como consecuencia la alegría que Él da
ya no se siente, y por lo tanto estar en un culto más de una vez, se hace
insoportable. En ciertas ocasiones más de uno culpan a la iglesia de fría y en
falta, sin darse cuenta que la responsabilidad es la de ellos; estos hasta que
confiesen a quienes les ocultaron el pecado, no podrán volver a estar igual.
La segunda.
A otros les aleja el resentimiento
hacia alguien o algo; por ejemplo enojarse ante un líder que para uno hace lo
injusto; o ante un servicio a Dios que demanda más de lo que uno está dispuesto
a invertir.
Al hablar de resentimiento
podemos decir también rencor, animosidad, odio, animadversión, resquemor,
antipatía, actitudes que se relacionan y que si las analizamos por ahí alguna
se nos pegó a nuestro corazón.
El resentimiento es un
bloqueo para lo que está por venir, (creo que preparado por el diablo) ya que más
de uno han perdido lo bueno que estaba por delante a causa de esto. La Biblia nos cuenta que uno
que debía ser Rey llamado Absalón (2 Samuel 13 al 18), por guardar
resentimiento a su hermano y a su Padre, se convirtió en un criminal y fue
muerto al poco tiempo de sacarle el lugar a su padre que era el rey David.
Debemos entender que este
mal debe ser entregado al Señor, ya que se anida en nuestro corazón, y no vivir
sujetos a él. Debemos tener en claro que el mismo que frena lo bueno que Dios
ha preparado; entendiendo también que muchas de esas situaciones que no fueron
las más agradables, han sido usadas por Dios para enseñarnos a seguir solo
mirándolo a Él, y con la alegría de ser parte de su gran plan y familia.
No dejes que el pecado ni el resentimiento
dominen tu vida; Dios no terminó todavía contigo y de seguro te seguirá
tratando; mas grandes sean las bendiciones a venir mejor te preparará tu Señor
para sostenerlas.
Adelante querido hermano o hermana, Dios
está haciendo algo maravilloso contigo; no dejes de congregar ni de ser fiel a
tu Señor y a su casa, traerá grandes bendiciones para ti y tus generaciones.
Sin más espero que Dios haya hablado a tu
vida.
Por el Pastor Walter Serantes.
Iglesia
Rey de Reyes de zona norte
Ministerio
Tiempo de Renuevo
(editorial de Julio 2012)
Qué es la PASCUA ?

Fiesta de los judíos. Se celebraba juntamente con la Fiesta de los Panes sin Levadura, y se prolongaba siete días. El nombre viene del vocablo hebreo pesakh, que literalmente significa «pasar por alto» o «encima», y figuradamente «preservar», «mostrar misericordia». Los principales pasajes bíblicos en los que se narran la institución y el mandato de la Pascua son Éx 12.1–28; Lv 23.1, 2, 4–8 y Dt 16.1–8.
La Pascua conmemora para los israelitas su propia liberación (• Libertad) realizada por la intervención divina, y el día en que Jehová Dios los sacó de la esclavitud en Egipto, por mano de Moisés, para introducirlos en Canaán, la tierra de promisión. Sin embargo, la Pascua no recordaba solo la liberación en sí, sino también al cordero o víctima del sacrificio, cuya sangre, untada en los postes y en el dintel de la puerta de los hogares israelitas, evitó que el ángel de la muerte matara al primogénito de cada familia del pueblo de Dios. Así que la Pascua es también el acto redentor más grande de Dios, en cuanto a su antiguo pueblo. Moisés instituyó la Pascua por orden de Dios, la misma noche en que el pueblo de Israel salió de Egipto, después de ser esclavos por más de 400 años.
Debían celebrarla todos los israelitas, incluyendo los extranjeros circuncidados que vivieran entre ellos, por estatuto perpetuo (Éx 12.24). En la primera Pascua hubo algunos detalles que no se practicaron después sino solo simbólicamente, tales como las instrucciones que se dan en Éx 12.11, y la sangre que se untó en los postes y en el dintel de la puerta (Éx 12.7); en tiempos posteriores esta se rociaba en el tabernáculo o en el templo, como símbolo de expiación. La Pascua se celebraba a la puesta del sol el día 14 del mes de abib o nisán (Éx 13.4; 34.18; Est 3.7), el cual corresponde más o menos a abril.
Este era el primer mes del calendario sagrado judío y el día 14 coincidía con la noche de luna llena. El día 10 de ese mes cada familia debía apartar un cordero o un cabrito, macho, de un año, sin defecto alguno. Si la familia era pequeña, se podían juntar varias familias para las que un cordero fuera suficiente. El cordero debía inmolarse y con su sangre untarse los postes y el dintel de las casas en recuerdo de que un día así se había evitado la muerte del primogénito de la familia. El cordero debía asarse, y su carne comerse con hierbas amargas y panes sin levadura. El padre de familia era el que presidía la celebración, y Moisés dio órdenes precisas para que al preguntar los hijos qué era la Pascua el padre les explicara su significado. Debía recalcarse la intervención amorosa y poderosa de Dios al dar libertad a su pueblo. Lo que sobrara del cordero, al que no se le debía quebrar los huesos, debía quemarse aquella misma noche (Éx 12.46; Nm 9.12; Dt 6.20–23). Si alguien por alguna razón justificada no podía celebrar la Pascua en la fecha establecida, tenía permiso para celebrarla en el segundo mes; pero si el descuido era voluntario, al infractor se le castigaba con la muerte (Nm 9.6–14). A las mujeres se les permitía participar en la celebración, pero no estaban en la obligación de hacerlo (1 S 1.3, 7; cf. Lc 2.41).
Aunque la Pascua debía celebrarse todos los años, en el Antiguo Testamento solo tenemos registradas algunas de estas celebraciones: la que se celebró en Egipto (Éx 12.28); una en el desierto de Sinaí (Nm 9.1–5); otra, la primera en Canaán (Jos 5.10, 11); la del rey Salomón (2 Cr 8.13); la del rey Ezequías (2 Cr 30.1–22); la del rey Josías (2 R 23.21–23); y otra que se celebró después de la cautividad, en tiempos de Esdras (6.19–22). En el Nuevo Testamento se mencionan varias Pascuas a las que Jesús asistió (Lc 2.42, 43; Jn 2.13), y especialmente la que para Él fue la última, en el aposento alto, la noche de la víspera de su muerte (Mt 26.17–30; Mc 14.12–16; Lc 22.7–23; Jn 13).
En la actualidad los judíos todavía celebran la Pascua, pero solamente con panes sin levadura, hierbas amargas y otras cosas, sin sacrificio de cordero. Pablo dice: «nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros» (1 Co 5.7b). Según el Nuevo Testamento Cristo reúne las condiciones del cordero pascual: Él es el Cordero de Dios (Jn 1.29), inmolado por nuestra libertad espiritual «desde antes de la fundación del mundo» (1 P 1.18–20); en Él no hubo mancha alguna (Heb 9.14; 1 P 1.19b.); se ofreció voluntariamente (Jn 10.17, 18; Hch 8.32–35); no le fueron quebrados los huesos (Jn 19.36). Los panes sin levadura simbolizan la limpieza moral con que los cristianos debemos acercarnos a la mesa del Señor (1 Co 5.8).
Después de participar con sus discípulos en la celebración de su última Pascua, Jesús, usando los elementos del pan y del vino, estableció para los cristianos la •
Cena del Señor, que es la fiesta correspondiente a la Pascua judía. Esta cena conmemora hoy la muerte vicaria de Cristo en la cruz, mediante la cual nosotros somos libres y salvos por la fe.
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